Le radeau de la MéduseTheodore Gericault
Óleo sobre lienzo
491cm x 717cm
En 1816, La Méduse, una fragata francesa, encalló cerca de Marruecos. No habían suficientes botes salvavidas, por lo que con los restos del navío formaron la única balsa que mantuvo a 149 personas. La tempestad los arrastró al mar abierto por más de 27 días sin rumbo.
La dramática experiencia de los sobrevivientes impresionó a un artista: Theodore Gericault, quien hizo un estudio sustancial de los detalles para esta pintura. Horrorizado, reprodujo la íntima realidad humana de esta situación:
Le radeau de la Méduse (
La balsa de la Medusa).
Observemos a la composición de la obra:Puede apreciarse una estructuración claramente piramidal, así como diagonales establecidas por uno de los lados del triángulo, de manera que los brazos de los tripulantes se extienden hacia una misma dirección, colaborando con el trazado de la diagonal. En la cúspide de la pirámide y extremo de la diagonal principal, está el punto de ánimo más intenso, en el que se ve a un hombre agitando con vigor un trapo con el objetivo de hacer señales hacia un supuesto barco que creen haber avistado en el horizonte. En el lado contrario de la diagonal, se encuentra el estado de ánimo opuesto, pudiendo apreciarse una figura envejecida con gesto desanimado y con total ausencia de esperanza, rodeado de los cadáveres de sus compañeros.
Este hombre está sosteniendo entre sus brazos a su hijo muerto, y es la única figura que parece mirar al espectador. Representa el drama, la desesperanza que nos mira directamente. Además, el autor le rodea de un manto de llamativo color rojo, con el objetivo de que sea la primera figura a la que prestemos atención al observar la pintura, de manera que el espectador lo que primero ve es a un viejo totalmente abatido, y ha de seguir las diagonales ascendentes (trazadas por los maderos de la balsa y por los brazos extendidos de los tripulantes) para poder detenerse en la figura antagónica situada en el extremo opuesto, la cual representará la esperanza exaltada y cargada de energía (agita furiosamente un paño tratando llamar la atención del barco).
También debemos destacar la situación de los elementos secundarios de la composición, pues el autor sitúa a esta pequeña balsa atestada de gente entre inmensas olas, y forza al espectador a buscar el barco que los náufragos creen haber divisado, pese a que el punto es tan confuso que no puede decirse con seguridad que sea un navío. Así, pues, la esperanza se muestra incierta y lejana, y antagónicamente, se muestran unas olas amenazadoras y cercanas, que se distinguen con total claridad, y que vienen a representar la cruda realidad.
Otro detalle a tener muy en cuenta será el rudimentario velamen de la balsa, pues viene a señalar la dirección del viento, que dicho sea de paso, sopla en contra de la balsa, separándoles del supuesto barco al que hacen señales, es decir, alejándoles de lo que sería su salvación. El simbolismo es claro. La suerte y el azar (dirección del viento) sólo les depara un destino aún más trágico (impedir que salven la vida). Pese a ello, el joven situado en el extremo superior de la pirámide comba su cuerpo en contra del viento, oponiéndosele. En el otro extremo, el anciano está inclinado de manera que parece que ha sido vencido por el viento, y acepta su desastrosa dirección.
Más allá de los detallesLos personajes de esta obra constituyen la representación de los sentimientos que afloran cuando la vida pende de la incertidumbre, no pensando en el azar, como el autor pretendió, sino en la prueba que nuesto Padre permite aparecer, ¿por qué?, bueno, ese misterio está resuelto para aquel limpio de corazón, y por lo tanto resulta un tanto inacertivo expresarlo.
Un tema primordial al que quiero poner un mejor énfasis en alguna oportunidad, amigos míos, es la esperanza, más que evidente en esta pintura, pero no quiero dejar todo molido, me agradaría que observasen esta obra detenidamente, y sean libres de reflexionar, tomen un tiempo, y en traquilidad, dejen que la mente acalle y el corazón hable. No importa la intención usual del autor, o los medios de los que se halla valido para hacer una obra de tal impresión romántica.